Las etapas de la vida del ser humano
Nacer, crecer, madurar, envejecer y morir. Todo ser humano atraviesa esas etapas en un proceso de continuos cambios físicos, sicológicos e intelectuales. En una evolución irreversible y permanente de cambios, nuestro cuerpo presenta fases de crecimiento, maduración y degeneración de los distintos órganos y tejidos.Corresponde a la etapa que va desde el nacimiento hasta los 28 días de vida. Durante este corto período, los recién nacidos son seres muy vulnerables, que necesitan protección y cuidados constantes.
Deben sortear uno de los primeros desafíos vitales: acostumbrarse al abrupto cambio que significó abandonar el vientre materno y regirse por las condiciones que ofrece el medio externo.
En promedio, los neonatos miden cerca de 50 centímetros y pesan entre 2,5 y 4 kilos. Si bien un recién nacido ya cuenta con todos los órganos necesarios para sobrevivir, todavía debe ajustar sus sistemas a su nueva forma de vida.
Tareas que antes eran suplidas por la madre (a través de la placenta), como respirar, nutrirse y eliminar desechos, y que ahora deben ser realizadas de forma independiente por el bebé.
Aprender a respirar aire es una de las primeras grandes tareas. Inmediatamente después del parto, los pulmones del recién nacido se llenan del vital oxígeno, el cual llegará a cada una de las células del organismo.
Asimismo, su sistema circulatorio comienza a trabajar de manera autónoma, adaptando y cerrando algunos conductos, tales como el foramen oval, el conducto arterioso, que conecta la aorta con la arteria pulmonar, y los vasos umbilicales. Se produce un notable aumento del flujo sanguíneo pulmonar y un incremento de la presión de la cámara izquierda del corazón.
Los riñones, todavía inmaduros, comienzan paulatinamente a cumplir su tarea excretora y el sistema digestivo adapta sus mecanismos para una correcta absorción de sustancias. El único y vital alimento será hasta ahora la leche materna, que no solo contiene importantes nutrientes, sino también anticuerpos.
Sus ojos poseen una coloración no muy definida, hasta alrededor de la segunda semana después del nacimiento. Esto se debe a que estos importantes órganos no han sido expuestos a la luz, por lo que todavía no alcanzan el color definitivo. Poco a poco, comienzan a abrirlos y a explorar con ellos el mundo que los rodea.
Es posible que su nariz o las orejas se encuentren aplastadas, producto de la estrechez de los últimos meses en el vientre materno. De igual manera, su cabeza puede estar ligeramente alargada o deformada, debido a su difícil paso por el canal del parto.
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