domingo, 19 de enero de 2014

COMO DEMOSTRARLE RESPETO A LOS DEMAS

Cómo demostrarle respeto a los demás

Instrucciones

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    Debes estar atento a lo que dice la gente. Enfréntalos y haz contacto visual con ellos cuando hablen, y no te distraigas. Inclínate hacia ellos y asiente con tu cabeza para indicar que entiendes lo que están diciendo.
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    Sé justo. Es posible que no siempre estés de acuerdo con las personas, pero tienes que escuchar su punto de vista sobre las cosas. Puedes sorprenderte al descubrir que los juzgaste injustamente y que sus opiniones no eran tan distintas a las tuyas. Incluso si no lo son, tienen derecho a tener sus propios puntos de vista, y recriminarlos no hará que se pongan de acuerdo contigo.
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      Dales tiempo para decir lo que quieren decir. Permíteles hablar sin interrumpirlos. Respétales su tiempo, y probablemente logres que respeten el tuyo también.
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      Sé sensible a sus pensamientos y sentimientos. Tus opiniones y creencias se basan en tus experiencias y perspectivas, así que toma esto en consideración cuando escuches a los demás. Es posible que para tu empleador la tardanza sea un tema importante debido a que su madre constantemente lo recogía tarde de la escuela y fue intimidado por sus compañeros. Así como te gustaría que las demás personas sean respetuosas con las cosas que valoras personalmente, debes hacer lo mismo.
      La palabra respeto está de moda. La escuchamos en el mercado, en los discursos, en las convocatorias, en las iglesias, en todas partes. Todos hablamos de tolerancia y respeto, queremos sentirnos personas cultas y educadas, que no reaccionamos con violencia ni grosería cuando alguien piensa o actúa de manera distinta a nosotros.

      Pero, ¿cómo reaccionamos cuando alguien nos afecta a nosotros directamente? ¿Dónde quedan la tolerancia y el respeto cuando el carro de adelante no arranca inmediatamente después de que ha cambiado el semáforo? ¿O cuando aquel que desesperado porque está en una emergencia, nos corta el paso en el tráfico?

      O para ser más realistas cuando nuestra hija decide salir con alguien que no nos gusta. Yo pienso que en realidad el respeto del que tanto se habla funciona, siempre y cuando no se metan directamente con nuestros intereses. Es una especie de pacto: si tú no te metes conmigo, yo no me meto contigo.
       
      Pero hay algo más completo que la tolerancia, el respeto es más rico y completo en su significado, implica entendimiento, comprensión y una gran porción de amor.

      El respeto exige la comprensión del otro. Ponerse en sus zapatos, implica tratar de comprender su posición. No basta solamente con no agredirlo o ignorarlo, implica escucharlo con atención y sin el ánimo de cuestionar sus ideas y abiertos inclusive a aceptar la posibilidad de replantear las nuestras.
       
      El respeto hace una diferenciación total entre la persona y lo que ésta piense o diga en un momento dado. Nos lleva a aceptar nuestras diferencias personales, recordando que cada uno de nosotros tiene derecho a ser quien es.
       
      Debemos recordar que cada ser es único y esta hecho a imagen y semejanza de Dios, por lo tanto merece nuestro respeto y consideración.


      Podemos fortalecer el respeto

      Aprende a escuchar.
      Miremos con respeto a todas las personas que se cruzan en nuestro camino detengámonos unos segundos para saludarlas, mirémoslas a los ojos y deseémosle un buen día, o simplemente démosle las gracias con sentimiento. Deseémosle lo mejor desde el corazón.

      Tomemos la decisión de aprender.
      El que cree que ya lo sabe todo está estancado. El mundo cambia continuamente y nosotros con él, y cada persona o situación que se presentan en nuestra vida son oportunidades para aprender y crecer.

      Colócate en los zapatos del otro.
      Nadie hace cosas por fastidiar al otro; tú no sabes la situación difícil que otros pueden estar viviendo. De vez en cuando es necesario que trates de pensar y sentir como lo está haciendo la otra persona; es decir, desde su punto de vista. Extender nuestra comprensión hacia los demás, implica volvernos más compasivos.

      No seas intransigente.
      Que alguien tenga un defecto, que diga o haga cosas improcedentes no lo condena como persona, siempre podemos recapacitar o cambiar nuestra actitud o comportamiento. Por lo tanto, no rechaces, discrimines o maltrates a otros porque no hacen lo que tú deseas o esperas, ten más paciencia y comprensión.

      Nadie es más ni menos que tú.
      Sólo somos diferentes en lo personal. Llegamos a este mundo con limitaciones y condiciones más o menos difíciles para superar, resolver y de las cuales aprender, en eso radica todo. Acepta a los demás con sus defectos y cualidades sin juzgarlos con ligereza.

      Enseña a tus hijos con el ejemplo.
      Recuerda que es durante nuestra primera infancia, cuando comenzamos a incorporar los valores esenciales. En el proceso de enseñar a tu hijo como vivir, tu ejemplo es determinante. Eres tú quien enseña a tus hijos a través del respeto hacia ellos, de qué manera ellos te respetarán a ti y a otros. La próxima vez que vayas a entrar a su cuarto, toca la puerta antes de hacerlo; de esa manera, él tocará a tu puerta antes de entrar.

      Cuando vivimos con respeto hacia los demás, nos volvemos más tolerantes, pacientes, comprensivos, cumplidores y responsables de nuestra participación en el mundo, y cuando nos volvemos respetuosos de nosotros mismos, establecemos límites con seguridad, nos valoramos más y confiamos en nuestra capacidad.


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